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Botox: origen y aplicaciones

rejuveneciminto sin cirugiaLa toxina botulínica (comúnmente conocida como Botox) es una proteína purificada que, inyectada en pequeñas dosis sobre ciertos músculos faciales, produce una mejoría de las arrugas de expresión, consiguiendo un aspecto más relajado y descansado del rostro. El Botox es un medicamento seguro cuya primera aplicación fue en el tratamiento de espasmos musculares involuntarios. Posteriormente, se descubrieron sus beneficios en cosmética y, actualmente, es la sustancia más usada en tratamientos de rejuvenecimiento facial sin cirugía.

Con el tratamiento con Botox se consigue revitalizar y rejuvenecer la mirada y relajar los músculos faciales. Las arrugas se eliminan o atenúan en un alto grado, dejando la piel distendida, tonificada y tersa, y devolviendo la luminosidad al rostro. Existen básicamente tres áreas en las que la toxina botulínica funciona especialmente bien: la frente, el entrecejo y las patas de gallo. El objetivo de este tratamiento de rejuvenecimiento facial sin cirugía no es una cara congelada o paralizada, sino una cara más relajada. El tratamiento se realiza en la consulta, previa aplicación de una crema anestésica, para evitar molestias. Se aplica en 5 o 10 minutos y el efecto aparece a los 3 o 5 días. El paciente, una vez realizada la aplicación de Botox, puede reincorporarse a su rutina habitual sin problemas. La duración del tratamiento es de 4 a 6 meses, después de este período el tratamiento debe repetirse para mantener el efecto.

A pesar de la rumorología creciente, el Botox es una sustancia segura con muy pocas contraindicaciones, tan solo en personas alérgicas a la bacteria usada y en mujeres embarazadas. El Botox siempre debe ser aplicado por un profesional médico debidamente acreditado y en un centro médico autorizado. El profesional debe buscar, ante todo, resultados naturales, saludables y armónicos para garantizar el rejuvenecimiento facial deseado.

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